Ya no escribo tanto como
antes.
Me preocupa
no dar la talla
No ser apto para
Recoger el
lápiz
y darme a la tarea de empapar
las palabras de sentir
altura
Me preocupa no estar a la
Y no se si las expectativas ahorcan
Con sus manos de madre
O realmente mi madera es de
otro árbol
con su
intrínseca torcedura perenne.
Carece de importancia esta mesa de noche, con su lámpara encendida y el libro abierto
Tan fútil como estas letras deslavadas
que en posición de guerra,
pretenden
salvaguardar mis
fustigadas emociones.
las echo en un carro alegórico
con fachada de serpentinas brillantes
y lentejuelas doradas
que manchan; las enseño tapándome la cara,
brotan fantasmas diminutos
se desean colosales, indecibles, sublimes
hinchados, estrafalarios,
en papel
pero, en el momento en que el árbol
encorva su propia espalda
son
incapaces de atisbar
ni la más pequeña cosquilla
en un público diáfano, que al finalizar
la descomedida función
se encuentra rígido;
no aplaude.
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