No me he descarrilado. Me tambaleo, pero aún continúo en la vía, como el tren de región que soy; angustiado por el óxido. Desafortunadamente, creo que las decisiones que he tomado me han llevado a perder el control ¿De qué exactamente? de las lecturas que elijo, de la cantidad de música que escucho todos los días; de las ocasiones en que escojo el placer inmediato, sucio y perecedero. Quizás, lo peor es que permito que las personas penetren sin autorización en mí, que me aborden como si fuese un vehículo sin alma y de uso práctico. Háganme pedazos por algo a cambio: una conversación validante, alcohol para las heridas, o alguna pelusa de pasillo porque tengo hambre de ser pisoteado y alimentado de los restos que dejan las suelas de sus zapatos.
¿Será positivo el hecho de mantener algunos hábitos aún? lavarme los dientes, las manos, la cara; engrasar mis hierros cada mañana; la ducha/lavado tampoco puede faltar, menos colgar y descolgar las llaves cuando me toca entrar o salir de casa, aunque esta solo sea un rinconcito oscuro y frío en la estación; saludar al chofer que me (ab)usa sigue siendo un pequeño alivio, pues es la señal de mi apagón; desde ahí en adelante puede pensar y creer por mí, porque al momento en que me toman de la palanca soy un ser muerto. Pero, hay demasiadas situaciones que me inquietan, y nadie puede ayudarme; no se puede simplemente apagar una consciencia, aunque sea realmente simple entregarse.