miércoles, 17 de septiembre de 2025
miércoles 16 de agosto, 2023
Más allá de la calle contigua, cortando la avenida y llevando en si misma a cardumenes ignari caput, olvidados de sí mismos, se puede observar un gran vehículo rojo, como la rabia más pura y menos inteligente, que cruza la ciudad a toda velocidad. Nada es por casualidad de este tinte, aunque mis calcetines de 31 minutos difieran olímpicamente de esta afirmación, y la trepidante angustia, que se acomoda detras del dolor de cabeza, reniegue de su propia naturaleza.
Súbete rápido, saluda en un susurro y desliza el plástico. El chofer no responde. Ya lo pueden ver, los que frecuentan el transporte público, que está ahí, en su cubículo, vestido de nadie y con la amnesia puesta en el foco de si mismo. Agradeces que no sea tu problema. Ignoras a los merodeadores de igual manera en que eres ignorado. Tú, títere de la norma, desprovisto de audición y de luces en los ojos, obedeces como un buen faldero.
Tan autónomo como siempre, aunque siempre sea nunca.
El solo ejercicio de salir por la mañana, con las lagañas hasta en el alma, es la respuesta que buscas. Cuando recuerdas que eres y no que solamente haces; que mientras haces, vives, habitualmente, en el olvido de la misma vida. ¿Quién en su sano juicio querría salir de la cama, ignorar el hambre y zambullirse en la inseguridad diaria de existir junto a los merodeadores? Malditos y silenciosos mediadores de lo correcto que reafirman y perpetúan la tan molesta estructura. Que hora peak más sin saborosa en la floja y asfixiante mañana, mientras el taco insufrible se extiende por la calle infinita.
El admirable chofer, que en manos del mundo se ha vuelto un pequeño villano, se reserva tambien el derecho de llevar arenita en el arrugado conducto lagrimal (y en el alma). Pero ¿quién sabe si ese hombre silicio será tan títere de la norma como para siempre aburrirse en lo podrido de obedecer pensandose autónomo? Ojalá se estrelle y el cardumen ignari caput muera, nos mate, junto al que como loco, salió derechito y pisó a fondo para librarse.
Afrontemos que morir no es más que la verdadera libertad, sobre todo para los que no ejercen deliberadamente eso que llaman "capacidad de pensamiento". Que delicia hacerse a la nada, en el abandono de la condición de ser un nadie de otro, en la piel de otro, en su sueño rancio, que huele a fosa común y nunca tendras la incidencia suficiente para encontrar el origen físico del hedor.
Que deliciosa suena la muerte, como el más bello de los sueños; la calma más serena; el mar más oscuro y profundo; los sentidos difuminados hasta el silencio sofocante de la apnea. Que suerte la tuya, con la ventana en la frente y un imparable sangrado. Tus dientes descansan, triunfantes, junto a las astillas del parabrisas.
29 de abril, 2025
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