Estoy tranquilo, y eso que 2019 no ha sido superado. La mirada subterránea ha cincelado las ideas como si fuesen esculturas de mármol, lo que las vuelve más ligeras de lo que alguna vez fueron.
Sin embargo, siempre hay algo extraño y molesto que las subyace: lechugas entre los molares; astillas bajo las uñas; espinas entre las costillas. Qué se yo.
No sé si debería mirar dentro de mi cuarto de noche. Estoy tranquilo. Respiro con suavidad el aliento del mar nocturno; rico, refrescante, como frío y doloroso.
Al menos respiro, me digo; y como el agua dulce de un lago hermoso, la serenidad me abraza y me repito en silencio "estoy tranquilo", pero mi problema es el azúcar disuelta en el agua.
¿Que no son los intersticios siniestros, sino las brasas eternas de la culpa? Quise creer que el viento del litoral sería capaz de enfriarlas hasta su extinción, pero, a este paso, mi bosque se verá reducido a cenizas.
En esta noche de oleajes a la distancia, me encuentro recostado en una cama que no es mía. Unas ligas de ansiedad me estrangulan los pulmones, dos pasas. El asma ha venido para quedarse ¿Lo he llamado yo?
Estoy tranquilo.
Entre tanto, los pequeños incendios le sacan provecho al mal dormir. Me arde la garganta. Cansa masticar el chicle de los ayeres tan seguido, y despertar en estos sitios remotos, abandonados por todos, menos por mí.
Hace tiempo que no me sentía tan tranquilo. Este cuerpo maltratado por los vicios vino a descansar a estas latitudes, escapando de todos aquellos que le han puesto clavos en las manos. No esperaba que le siguieran como una estela pestilente. Lucifer crucificado no puede bajar de su cruz.
La música y la literatura se estaban quedando sin herramientas. Ya estaba siendo difícil maquillar la brea del alma con vaselina. Que bueno que viniste, así, en el futuro, todos podran seguir penetrádote con sus miembros de gato y preñandote de dolores que te corresponden por ser culpable de vivir tú vida.
Ojalá el lenguaje pudiera hacer literaria justicia a la intención de representar la enfermedad que padezco. Las incondicionales manos que fueron capaces de venderme por treinta monedas de plata no abrieron la herida. La primera traición fue mía. La resolución final de Judas Iscariote ha sido tomada por mi cuerpo como la forma correcta de resolver el conflicto.
Algun día. Mientras tanto, estoy tranquilo.
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