hace unas cuantas cuadras,
vueltas a la manzana
si es que no antes
perdí el control,
extravié el joystick
y extraje sin cuidado,
como pelusas del metro,
neuronas,
limones arrugados,
que barrí con un escobillón verde,
y las vertí sin cuidado
en un frasco al
que le introduje
un líquido purpúreo
cuando la luz se abría paso,
a través del algodón en el cielo.
ay... las metas... a largo plazo...
recién remendaba
este cuerpo tijereteado
harapos, jirones y andrajos
que he de coger de nuevo
cuando vuelva a besar el suelo
y sigue costando
y sigue costando
aun voy, de ir, yendo,
y camino por el camino, y
me pongo a correr, corro
y ocurre lo que ocurre
cuando hay imprudentes apuros
las caídas y las recaídas,
los velos y los desvelos
círculo infinito de tropiezos y fracasos,
y los ojos negros y los muertos de mi memoria
y las envidias de los que disfrutan su juventud,
de los que se fastidian por llegar a la hora duchados y bastaron cinco minutos
y yo con agujeros en el poleron y las zapatillas rotas, y el alma rota y la micro y el metro de dos a tres horas y Venturini qué me maldijo con este rabiar insostenible insoportable prosa sin puntos ni comas émesis escritoral en las que se me sube la bilis como la tinta del lapiz angustia que bajó desde el sueño apolineo ahora en la embriaguez del dios Vaco a este cuaderno quejumbroso cenagoso y contraproducente en el que ojalá desmembrarme y depositarme letra por letra
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