Dulce y amargo de la viciosa imprudencia
Lléname los vacíos hasta la saciedad
Que pronto se quejará de inmensa sed
Y ahógame los intervalos lucidos con la embriaguez del vino. He venido a verte
Y te haz ido en una serie de pequeñas muertes; haz venido a verme
y me he permitido la muerte niña que llora en blanco
Y de pronto nos llenamos de raíces; yo de las tuyas, tú de las mías; no quiero irme; no te vayas
Ignora la presión del cotidiano,
Abrázame hasta el fin del aire
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