Un tren que se dirige hacia la nada. La nada como el panorama más delicioso, más delicadamente profano, aunque el pequeño hombrecito te susurre en el oído tus más espeluznates faltas y falencias. Que lejano se vé el utilitarismo desde aquí, alineado con el sol que se esconde tras la cordillera. Este rumbo sin rumbo ni destino es el objetivo con mayor encanto de todos. No puedes evitar compararlo con todos esos sinsentidos que quisiste pensar que no lo eran. Mientras los convecinos observan la nada, con sus camisas bien abotonadas, zapatos larguiruchos, blazers y sus corbatas anudadas por figuras maternas, sonríes, mentecato ocioso, blasfemo hijo de los vicios y las insurrecciones. Te jactas en silencio de revolucionarte contra la idea de seguir las normas como todos aquellos que viajan en el vagón, abrazando el productivismo y la idea del mérito.
Pero es una amarga sonrisa. ¿Quién podría ser feliz en el movimiento oscilante y constante de la repetición? El viaje en el tren del treinta de agosto es un sueño; son los bucles tus dueños y por eso estás aquí ¿No es eso material suficiente para des-animarte?; y dejar seca, sedienta, el ánima en lo que te gusta llamar intervalos lúcidos? maldito quijote baudeleiriano. Maldices el ir y venir de esa específica desconexión: la de tí con el mundo, porque lo rechazas ¿o el mundo te rechaza? Se ha drenado la duda de relevancia. Haces sin querer hacer. Pero si no haces bebes de la hiel mortuoria y el hombrecito te castiga con sus incesantes chillidos al interior del oído. Ahora sonríes, por que llevas los sentidos anestesiados. No obstante, cuando el castigador suba por las escalinatas y atraviese la puerta de tu consciencia se bañaran de lágrimas nulas tus ojos enfermos y se despliegará la innevitable resaca de la culpa . "Sin dinero la pasaré mal" canta Charly; ya te consideras un muerde ratones.
Para librarse habría que desconocerlo todo; la ignorancia como el almíbar de la felicidad; nunca haber probado el fruto del edén, dormir en el sueño ideológico, en su cama de espuma. 'Estamos desnudos' se impresionaron Adán y Eva, pero para el caso particular de los que habitan el mundo real es su opuesto: las innecesarias capas de idearios han domado las consciencias e inconsciencias, diccionarios completos y tachos de basura desbordantes que impiden el libre pensamiento; ficciones cubren la capa que conforma lo tangible de forma grotesca e inadecuada. "Estamos vestidos... debiesemos decir... pero tan absurdamente vestidos que llevamos doble calcetín, zapatillas de lona, camisetas manga larga tipo beatle y corbata -para la estrangulación efectiva-, chaleco de octogenario, polerón de retail, cortavientos fosforescente, bufanda de hilos de poliester y gorro de lana industrial". ¡Que buena forma de decirte atrapado y desquiciado hasta la médula! Ni tu propia identidad es tuya y que sin par la alegría de darle en el gusto al ser pequeño de los latigazos en la consciencia; pero mejor aún es deleitarse con la consciencia y los pies sucios de saberte un rechazado, amigo de lo desprolijo, que no tiene oportunidad de salvarse, pero se embriaga para desembriagarse de la vida.
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